ORIGENES Y DERIVAS DE NUESTROS PUEBLOS Y CIUDADES.

Procesos de desequilibrios en la acumulación histórica y crisis de sustentabilidad.

La sociedad en el devenir de su existencia ambiental ha definido modos de interacción cultural y productiva para con la naturaleza. Esta interacción lejos de ser un proceso lineal y unidireccional ha generado en diferentes fases y procesos históricos, contradictorios, complejos, a veces ininteligibles, en fin huellas o testimonio materiales concretos, más o menos perdurables que se han sedimentado y acumulado a lo largo del tiempo.

Particularmente la historia de nuestros pueblos y ciudades del cono sur americano, particularmente en la Argentina, producto de una operación colonial, el descubrimiento de América, proceso de implantación del modelo hispánico de ciudad: el denominado modelo “Leyes de Indias”. Una intensa actividad de fundaciones de ciudades genera el primer desarrollo de una red de núcleos urbanos con un patrón de localización: la accesibilidad, determinando un modo de establecer relaciones entre el territorio, las ciudades y sus arquitecturas.

Estos núcleos urbanos y los futuros, según su período de fundación, evolucionaron en diferentes fases, desde las primeras ciudades precolombinas (S.VII-XVI), aquellas que pre-existentes en el territorio americano recibieron el proceso de conquista Ibérico en la Fase denominada Colonial en donde se ubican los enclaves de ocupación territorial, desde los siglos XV al XVII hasta la independencia política de los emergentes estados de América, de principios de siglo XIX.

Como tercera fase, fundamentalmente para nuestra región del centro de la provincia de Santa Fe, durante el desarrollo del Siglo XIX, con el surgimiento de los Estados Nación, particularmente entre 1880 y 1930, surgen nuestros pueblos y ciudades, estructurados sobre un modelo reformista de la ciudad industrial europea, con acento en el “higienismo”. Principios urbanos que involucran la racionalidad de la Ilustración en los trazados geométricos y formales de sus avenidas, diagonales y la tradición romántica, representado y espacializada en nuestros pueblos, en la incorporación vegetal y orgánica en esas avenidas y boulevares como así en el desarrollo de plazas y parques urbanos, éstos últimos no muy desarrollados en nuestras ciudades próximas, pero sí desarrollados en las principales ciudades del país. Paradigma de este momento lo constituye la ciudad de La Plata, ciudad planificada ex – novo, como capital de provincia de Buenos Aires, cuyo trazado, sintetiza este tipo de urbanismo al que nos referimos.

Desde la fase ”Colonial” a la “Republicana”,según categorización de Roberto Fernández[1], nuestro territorio argentino, vislumbra la gestación de un sin número de pueblos y ciudades que establecen en la pampa húmeda, un proceso de inserción de estos territorios a un proceso mucho más amplio y global, la División Internacional del Trabajo, en donde los emergentes Estados-Nación establecen políticas de gobierno poblando los territorios con fuentes de inmigración europea, cuya afluencia al interior del país, establecen las primeras colonias agrícolas, unidades de producción de materia prima y único modo de sustentación económica que da forma a un proceso de antropización fuertemente centralizado en un sistema de producción primario basado en un modelo agroexportador. Modelo que estructura fuertemente nuestros territorios con un sistema de interconexión ferroviario y de comunicación entre estos centros urbanos con los principales puertos del país.

Esta fuerte estructuración define, determina y da origen a los pueblos y ciudades con un patrón de localización fuertemente pre-determinado por esta lógica de inserción de la Argentina al mundo. Con fuerte impronta transcultural se implantan y desarrollan, producto de avances tecnológicos europeos impuestos a nuestras realidades temporo-espaciales modelos estilísticos eclécticos y funcionalistas para dar representatividad a un nuevo Estado Moderno que reniega de su origen hispano-criollo y encuentra en el estilo internacional del lenguaje ecléctico el modo de representar y arquitecturizar en consonancia con el ideal de progreso basado en la ilustración y el desarrollo industrial con miras al centenario.

Ya en las décadas del ´30 al `70 del siglo XX, durante la fase de desarrollo posterior la Fase denominada, “Populista”, se estructuran procesos de transformación en la concentración demográfica. Procesos de migración interna, producto de un cambio de políticas hacia la industrialización, en el cual el creciente proceso de sustitución de importaciones promueve y genera concentraciones de industrias y fases de elaboración productiva de materias primas en los principales centros del cordón urbano agroindustrial del país potenciados por algunas políticas de desarrollo endógenas que consolidan el sector secundario de la economía argentina, pero que espacialmente en los centros urbanos aparecen junto a ellos las suburbanizaciones marginales.

Ya posterior a la década del ´70 , frente a la Fase contemporánea, de la “Globalización” y frente a un giro de políticas públicas, de corte neoliberal, fundamentalmente con la “prescindencia o ausencia del Estado” como gestor y planificador del desarrollo del territorio, a través de la desregulación, el proceso de privatizaciones y la liberalización de los mercados hasta nuestros días potencia el desequilibrio del desarrollo de nuestros territorios, conformando un modelo de desigualdad regional, fuerte concentración demográfica y productiva en áreas metropolitanas centrales, Buenos Aires y Gran Buenos Aires, urbanizaciones aceleradas, espontáneas y desorganizadas y un interior cada vez menos poblado, articulado y conectado.

Este desequilibrio, devino para nuestras ciudades en una débil estructuralidad urbana, casi abstraídas de sus territorios circundantes con segregaciones espaciales, debilidad de articulaciones, problemas de conectividad, de servicios públicos, exclusión y pobreza.

Estos problemas de fuertes desequilibrios no son más que el reflejo de las propias contradicciones locales que ponen en cuestión la sustentabilidad de nuestros débiles e inequitativos desarrollos urbanos-territoriales y que en definitiva ponen en jaque la existencia de nuestros pueblos y ciudades del interior. Estos problemas comunes a muchas de nuestras localidades exige de políticas públicas integrales, planes y proyectos urbanos-territoriales, estrategias de desarrollo, para generar un ambiente urbano – territorial sustentable para nuestras sociedades.

Por Arq. Hernán Oliva. (UNL)

-Miembro Fundación Territorio – Rafaela – Santa Fe -Argentina.
-Titular de ORA – Oficina de Arquitectura.
-Titular de DONNIC – Servicios y Desarrollos Inmobiliarios.
Referencias Bibliográficas.
[1] Fernández, Roberto. Derivas. Arquitectura en la cultura de la posurbanidad. (2001). Santa Fe, Centro de publicaciones , UNL.

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