Al mismo tiempo debemos ser concientes que asistimos desde la mitad del siglo pasado a esta parte a la crisis del Estado de Bienestar y su modelo de planificación de los territorios y de las ciudades, hoy suplantado por el “modelo de mercado”.
El nuevo escenario posee sus propias lógicas de producción de ciudad, basadas en operaciones de inversión, independientes y disociadas de los sistemas de gestión y control del paradigma tradicional de planificación. Por ello la dificultad para articular esa producción y control, y la necesidad de recurrir a nuevas herramientas de gestión y organización de la participación para nuevas alternativas mas apropiadas para cada ciudad.
Sobre los modos de hacer ciudad, el sentido de apropiación del espacio público y su rol como estrategia de articulación e integración urbana.
A principios de año, nos anticipábamos en este medio (el 23 de marzo en el Suplemento Económico del diario LA OPINION) sobre el debate al que estaríamos asistiendo como sociedad, sobre los destinos de la ahora Vieja Terminal de Ómnibus y el complejo de espacios culturales: Museo Municipal de Bellas Artes, el museo de la Fotografía, además del archivo y el Liceo Municipal, una vez desafectado por el nuevo edificio sobre la Ruta 34.
Como abordaje a esta problemática decíamos que existen dos lógicas a través de las cuales se puede “hacer ciudad”. Una bajo una lógica “racional de mercado” y la otra bajo otra lógica alternativa, mas crítica que la primera y fuertemente relacionada con un modo de “construcción desde la participación”, como modelo de concebir la ciudad, su construcción y como herramienta de gestión pública.
Es de preocupación, para la Fundación Territorio, los destinos de estos espacios públicos sobre la base de propuestas de “proyectos urbanos” que, interviniendo en centros nodales y estratégicos de la ciudad, no esten dados sobre las bases o procesos de concertación público-privada necesarios. Donde a través de mecanismos de participación democrática, la sociedad rafaelina, canalice sus necesidades, sus expectativas y aspiraciones de apropiación de tan estratégico espacio urbano.
Por tal motivo, cabe preguntarnos si como sociedad estamos dispuestos a permitir que estos espacios sean tomados desde la gestión pública, sólo por su oportunidad de “valor de cambio” antes que por su “valor de uso” público, como política de gestión de la ciudad.
Desde la Fundación Territorio creemos que los rafaelinos debemos tener la posibilidad de poder pensar, debatir, participar y decidir sobre que “valor de uso”, desde lo cultural, lo social, lo económico, lo humano y lo tecnológico, puede apropiarse de dichos espacios, como estrategia capaz de crear los recintos públicos donde “condensar culturalmente lo urbano”.
En tal sentido desde el año 2008, la Fundación Territorio, viene investigando al respecto, sobre la hipótesis del espacio público como articulador urbano, en el sentido de estrategia de integración y recalificación urbana.
Rafaela, en tanto ciudad intermedia asiste a dos fenómenos de crecimientos, uno por yuxtaposición y otro por densificación. Crecimientos urbanos que se observan sin una necesaria articulación entre parte y parte, una serie consecutiva de fragmentos, en donde el espacio público queda reducido o minimizado por esta lógica de mercado, entendemos sin una política publica de “desarrollo urbano” que de manera sinérgica, articule y promueva la inversión privada desde el propio desarrollo del espacio publico y no a la inversa, que el espacio público quede supeditado al desarrollo del espacio privado.
Para el caso que nos toca abordar, un área central de la ciudad,- la Vieja Estación Terminal y espacios culturales anexos- el proyecto, “Multiespacio Rafaela”, opera desde el desarrollismo de mercado, por acumulación y densificación de actividades privadas en una serie de espacios, cuyo carácter público se pierde por las restricciones propias de los modos en que son gestionados y controlados estos espacios, tanto en su accesibilidad, como en sus apropiaciones concretas.
Creemos que esta oportunidad que presentan estos espacios desde el punto de vista de la ciudad y de lo urbano, antes que ser intervenidos por una densificación por acumulación de lo privado, podrían estar pensados estratégicamente como “recintos de urbanidad”, como articuladores de una densificación de usos y apropiación de lo “público”.
Ello, entendemos, generado desde otra forma de producir ciudad, en donde el “proyecto urbano” surge de un proceso de participación en la transformación. Donde su control es acompañado por las tecnologías de gestión apropiadas para que estos fenómenos adquieran sustentabilidad en un sentido integral para la ciudad.
Entendemos por tecnologías de gestión de tipo participativas, donde el conjunto de la sociedad a través de sus instituciones y sujetos-agentes puedan expresarse y ser tomados en cuenta en procesos sustentables de construcción en la ciudad y de lo urbano.
Algunas experiencias en el país y en el mundo así lo demuestran.
El primer caso, San Sebastián, España, la Plaza de Cataluña, en donde el propio Ayuntamiento, inicia un proceso de participación, en el año 2006, con una serie de proyectos de remodelación de espacios públicos, generando mecanismos para que la población reflexione acerca de su barrio, a través de sugerencias, relevamientos de necesidades y recepción de proposiciones para remodelar estos espacios, para el caso, una plaza y convertirla en el corazón del barrio.
Aquí “…además de hacer un estudio que identifique las necesidades del lugar, se le pidió abiertamente a la población que reflexionara acerca de su barrio y enviara sus sugerencias, necesidades y proposiciones para su plaza, enfatizando en ese concepto: el lugar sería ocupado por ellos mismos, así que debía satisfacerlos y entenderlos.”
Así luego de recoger la información, “…se llamó a un concurso público, donde diversas oficinas de paisajismo y arquitectura presentaron sus propuestas para la remodelación de la plaza. El jurado del concurso seleccionó tres anteproyectos, los cuales fueron expuestos ante la ciudadanía, a la cual se invitó a votar para elegir el proyecto definitivo”.
De este modo, cada persona, como miembro del barrio, tuvo la posibilidad y la responsabilidad de elegir el proyecto que más se acercara a sus intereses, generando así una conciencia acerca de los espacios públicos, acerca de la comunidad y su diseño.
Es notable en este caso que desde la propia gestión pública se inste a la gente a reflexionar acerca de su ciudad, de lo que opina de ella y de lo que haría para mejorarla, proceso que sin duda entendemos necesario, ya que seguramente genera una ciudad mas entendible y cercana, más propia.
Para el segundo caso -[La Plata, Argentina]- a diferencia del primer caso, aquí “Los vecinos rescataron del olvido, con distintas experiencias culturales, las instalaciones de la Estación Provincial y sus alrededores, convirtiendo la zona en el Circuito Cultural Meridiano V.”
Tras 1977, año en que pasó el último tren, la estación había extendido la condición de abandono al resto del barrio Meridiano. Esta situación se revierte con las herramientas mínimas que disponían los vecinos para diseñar una estrategia de gestión e intervenciones culturales capaces de transformar social y territorialmente el sur del casco urbano platense. Para consolidar esta pieza urbana dentro de la dinámica de la ciudad los vecinos siguieron un proceso sincrónico de apropiación del lugar .“A partir de 1994, una agrupación de vecinos se organizó para comenzar a darle vida mediante la inserción de un programa cultural basado en una sumatoria de experiencias locales: los fines de semana se realizaron obras de teatro, conciertos musicales y talleres artísticos que se fueron especializando en la estación y su entorno…” y han hecho de una instalación ferroviaria un territorio publico, en este caso un territorio cultural.
Hechos de gestión pública y de apropiación ciudadana demuestran con realidades sociales, culturales y económicas diferentes, que es posible construir y gestionar la ciudad y sus espacios públicos de otras formas, donde no solo la lógica del mercado, para estos casos es una única salida.
Como institución que aborda esta problemática, desde Fundación Territorio, entendemos que la construcción de lo público en la ciudad es una construcción y apropiación de la pluralidad de los ciudadanos, capaz de generar el espacio de lo “común”, donde la diversidad no sea sólo una suma de fragmentos.
Donde procesos de tipo participativos, como estrategia pública de gestión de la misma y de sus espacios, genere los ámbitos democráticos donde “…antes que un proyecto acabado de ciudad es un proyecto progresivo de ciudadanía, en que los ciudadanos son quienes deciden cómo configurar el desarrollo de la ciudad y bajo qué condiciones sociales, políticas, económicas y culturales.”
Arq. Hernán Oliva. (Fundación Territorio – Rafaela).-

